Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes —¿Que si estoy contenta?… Claro que sÃ; no sé cómo he podido pasarme sin él hasta ahora.
Atravesaron el jardÃn que precedÃa a la casa. El señor Gerbois propuso:
—¿PodrÃamos verlo antes de comer?
—¡Oh, sÃ! Es una idea excelente.
La muchacha subió primero; pero, cuando alcanzó el umbral de su dormitorio, lanzó un grito de espanto.
—¿Qué pasa? —balbució el señor Gerbois.
Y entró en la habitación. El secrétaire habÃa desaparecido.
… Lo que extrañó al juez de instrucción fue la sencillez de medios empleados. En ausencia de Suzanne y mientras la criada hacÃa la compra, un comisario provisto de su placa —los vecinos lo vieron— detuvo su carrito delante del jardÃn y llamó dos veces. Los vecinos, que ignoraban que la criada estaba fuera, no sospecharon nada, de forma que el individuo efectuó su tarea con la más completa tranquilidad.
Observaron que no habÃa sido fracturado ningún armario ni violentada ninguna gaveta. La cajita que ella habÃa dejado sobre el mármol del secrétaire fue encontrada sobre la mesa con los objetos de oro que contenÃa. El móvil del robo estaba claramente definido, lo que lo hacÃa más inexplicable; pues, a fin de cuentas, ¿por qué correr tanto riesgo por un botÃn tan exiguo?