Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Sin embargo, la muchacha no habÃa soltado el lápiz ni la hoja, y; con los dedos crispados y las facciones tensas, se esforzaba por obligar a su mano a obedecer a la orden titubeante de su pobre cerebro.
Lupin esperaba febrilmente.
La muchacha trazó con rapidez, como alucinada, una nueva palabra: Diane.
–Otra palabra…, otra palabra… -exclamó Lupin con vehemencia.
Isilda enroscó sus dedos en torno al lápiz, rompió la mina y con la punta de ésta dibujó una J grande y soltó el lápiz, como agotada.
–¡Otra palabra! ¡Yo lo quiero asÃ!… -le ordenó Lupin, agarrándola fuertemente del brazo.
Pero al mirar a los ojos de la joven vio reflejada en ellos de nuevo la indiferencia, como si aquel fugitivo resplandor de sensibilidad ya no pudiese brillar más.
–Vamonos -dijo Lupin.