Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Pero, por lo demás, la comunicación entre el pabellón de la calle Delaizement y la cochera del Chamarilero, ¿acaso no constituía prueba suficiente de complicidad? Desde allí, Malreich veía y oía. Desde allí, el jefe de la banda vigilaba a sus hombres.
¿Que había contradicciones y hechos que en apariencia resultaban inconciliables? Lupin los explicaba todos. En un célebre artículo publicado la misma mañana de la vista de la causa, partiendo del propio comienzo del asunto, reveló las interioridades de aquél; desenredó la madeja; mostró cómo Malreich vivía, ignorándolo todos, en la habitación de su hermano, el falso comandante Parbury; iba y venía invisible por los pasillos del Palace, y asesinaba a Kesselbach, asesinaba al mozo del hotel y asesinaba al secretario de Chapman.
Todos recuerdan las sesiones del proceso. Fueron a la par aterradoras y grises… Aterradoras, por la atmósfera de angustia que pesaba sobre la multitud que asistía a ellas y por los recuerdos de crimen y sangre que obsesionaban las mentes… Y grises, pesadas, oscuras, asfixiantes, debido al silencio que guardaba el acusado.
En el acusado no asomaba ni un gesto de rebelión. Ni un movimiento. Ni una palabra.