Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Y repentinamente, dándose una palmada en la frente, añadió:
–No, el cretino soy yo. Éstas son las verdaderas cartas. Ella las había guardado para imponer su voluntad al emperador en el momento oportuno. Y las otras, las que yo le entregué a Waldemar, eran falsas, evidentemente copiadas por ella, o por un cómplice, y puestas a mi alcance… Y yo caí en el engaño como un tonto. ¡Diablos!, cuando las mujeres se mezclan…
En la cartera no había más que un portarretratos de cartón, con una fotografía. La observó. Era la suya y la de otro personaje.