Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin –Waldemar -dijo el emperador, poniéndose a la cabeza de la caravana-: ¿por dónde empezamos?
–Por la villa de Tiverio, señor.
Pasaron bajo un arco y luego siguieron por un camino mal pavimentado que se elevaba poco a poco sobre el promontorio oriental de la isla.
El emperador se sentÃa de mal humor y se burlaba del colosal conde de Waldemar, cuyos pies arrastraban por el suelo de cada lado del desventurado asno, al que aplastaba con su peso.
Al cabo de tres cuartos de hora llegaron al Salto de Tiverio, peñascal prodigioso, de trescientos metros de altura, desde donde el tirano precipitaba sus vÃctimas al mar…
El emperador descendió de su cabalgadura, se acercó a la balaustrada y echó una mirada al abismo. Luego quiso seguir a pie hasta las ruinas de la villa de Tiverio, donde se paseó por las salas y los pasillos derruidos.
Se detuvo un instante.