El Misterio del cuarto amarillo
El Misterio del cuarto amarillo Cuando el redactor jefe se vio en posesión del preciado pie y hubo comprendido por qué asociación de inteligentes deducciones un niño habÃa conseguido descubrirlo, se vio dividido entre la admiración que le causaba tanta astucia policÃaca en un cerebro de dieciséis años y la alegrÃa de poder exhibir en el «escaparate del depósito de cadáveres» del periódico «el pie izquierdo de la calle Oberkampf».
—Con este pie —exclamó— haré un artÃculo de cabecera.
Luego, después de confiar el siniestro paquete al médico forense adscrito a la redacción de L’Epoque, preguntó al que pronto se convertirÃa en Rouletabille cuánto querÃa ganar por formar parte del servicio de «sucesos» en calidad de pequeño reportero.
—Doscientos francos al mes —dijo humildemente nuestro joven, sorprendido hasta el sofoco por semejante proposición.
—Le daremos doscientos cincuenta —replicó el redactor jefe—. Unicamente, usted tendrá que declarar a todo el mundo que forma parte de la redacción desde hace un mes. Quede bien claro entre nosotros que no fue usted quien descubrió «el pie izquierdo de la calle Oberkampf», sino el periódico L’Epoque. ¡AquÃ, amigo mÃo, el individuo no es nada; el periódico lo es todo!