Aventura
Aventura Al dÃa siguiente Sheldon permaneció solo. Joan se habÃa marchado a explorar la isla de Pari-Sulay y no volverÃa hasta el anochecer. La soledad se cernÃa sobre el hombre oprimiéndole el alma. Arreciaban nuevamente el viento y la lluvia, y esto le empujaba constantemente hacia el mirador, donde pasaba horas mirando en el horizonte, en busca del bote de la joven. Finalmente, para distraerse, repasaba las cuentas de la plantación, frunciendo el ceño. RepetÃa cálculos y volvÃa a sumarlo todo, mientras su rostro se ensombrecÃa cada vez más. La pérdida de la Jessie habÃa sido una catástrofe para Beranda. Su capital habÃa sufrido una merma considerable, dado el valor de la embarcación, aunque lo peor era la falta de ingresos que provocaba, puesto que se les estaban agotando las existencias debido al despilfarro que habÃa en la plantación.
—¡Pobre Hugo! —musitó—. ¡Me alegro de que no estés vivo para presenciar esto, amigo mÃo! ¡Vaya negocio!
