Aventura
Aventura —¿Al mando de Kinross? Se lo agradezco, pero no. TerminarÃa desesperándome. AcabarÃa con mis nervios. Nunca volveré a pisar la Martha, como no sea para ser su única capitán. Soy navegante, al igual que mi padre, y serÃa incapaz de aceptar el mandar a medias un barco. ¿No ha visto todavÃa las necedades de ese Kinross?
Desvió su mirada hacia el barco, y prosiguió:
—Son ustedes de lo más torpes en lo que se refiere a barcos…, la mayorÃa de ustedes al menos. Christian Young todavÃa puede pasar; Munster tiene también algo de valor, y dicen que Nielsen era fantástico; pero los demás no pueden ni siquiera considerarse verdaderos marinos. El dÃa menos pensado le voy a enseñar a usted cómo se dirige la Martha; levaré anclas, y la dejaré sin novedad en el muelle de Guvutu.
Siguió mirando el barco un buen rato con ayuda del catalejo, hasta que finalmente lo dejó a un lado y exclamó:
—Ese Kinross ha metido la pata y ahora intenta solucionarlo. ¡Ahà tiene al hombre encargado de capitanear la Martha! ¡Vamos! Prefiero no seguir mirando. Vamos a jugar una partida de billar, para tranquilizarme, antes de ensillar para ir a cazar palomas. ¿Se vendrá usted conmigo?
Una hora más tarde salÃan a caballo. Joan dirigió una última mirada a la goleta, que aparecÃa en el horizonte como un minúsculo punto blanco.