Aventura
Aventura —¡Cómo se sorprenderá Tudor cuando sepa que nosotros somos los propietarios de la Martha! —rio—. Si no encuentra oro, tendrá que buscar pasaje en el primer vapor que salga de las Salomón.
Sin dejar de reÃr alegremente, atravesó la puerta del patio; pero entonces la risa se esfumó de pronto, y Joan detuvo a su montura. Sheldon la miró con inquietud y vio que su rostro comenzaba a palidecer.
—Se trata de la fiebre —dijo ella—. Tengo que regresar.
Al entrar ya temblaba de pies a cabeza, con violentas sacudidas, y Sheldon tuvo que ayudarla a bajar del caballo.
—Es divertido, ¿no le parece? —dijo ella con los dientes rechinando—. Se parece a un mareo…, nada serio, pero terriblemente molesto mientras dura. Me voy a la cama. Por favor, mándeme a Noa Noah y a Viaburi, y mándele a Ornfiri que caliente algo de agua. En menos de un cuarto de hora me habré desmayado, aunque por la noche ya estaré perfectamente. La fiebre me dura poco, pero ataca fuerte cuando llega. Es una pena perder la cacerÃa.