Aventura
Aventura —Estoy de acuerdo. Es muy desagradable. Regresaré y esperaré su vuelta junto a Papehara.
—Pero no puede volver sola. Que la acompañen dos de sus hombres.
—Entonces es mejor que continuemos todos. SerÃa una locura detener ahora nuestra persecución. Además, no me siento cansada.
El rastro se dirigÃa ahora hacia la derecha, como si los fugitivos hubiesen cambiado de opinión en aquel punto, y hubiesen decidido dirigirse a Balesuna. Pero mientras avanzaban, desviándose constantemente hacia la derecha, podÃa adivinarse que habÃan decidido sencillamente volver. Calculando el lugar en que se cruzarÃan con su propio rastro, Sheldon se dio cuenta de que este serÃa seguramente uno de los extremos de las tierras de cultivo, que era justamente donde habÃan dejado sus caballos. Al cruzar uno de aquellos claros de la selva virgen, donde solo podÃa verse el movimiento de una gran mariposa aterciopelada, escucharon disparos.
—Han sonado ocho tiros —contó Joan—. De un arma únicamente. Debe de ser Papehara.