Aventura
Aventura Joan y Sheldon escucharon atentamente mientras Charley les contaba la expedición de Tudor por el Balesuna, con las barcas deslizándose por la rápida corriente, el eterno lavado de la arena en busca del oro, las primeras vertientes, las trampas escondidas bajo los matojos y colocadas a la orilla de la jungla, el primer encuentro con los bosquimanos, que nunca habÃan visto el tabaco, ni conocÃan el placer de fumar, el avance de la expedición por el interior, utilizando las vertientes de la Cabeza de León, los incómodos matorrales, las fiebres y la imprudencia de los blancos al confiarse a unos salvajes.
—Siempre le decÃa al amo blanco —dijo—. Yo le avisaba: estas tribus son peligrosas. Ellos saben mucho. Si tienes rifles, son muy amigos. Siempre atentos. Si no tienes rifles, ¡diablo!, estos salvajes te cortarán la cabeza, y rápido kai-kai a ti.
»Pero la paciencia de aquellos salvajes superó a la de los blancos. Pasaron semanas sin que diesen ningún motivo para desconfiar. Iban al campo y ofrecÃan ñame, lentejas, cerdos y gallinas, frutas y verduras. Siempre que los buscadores de oro cambiaban de campamento, se ofrecÃan para llevar los bultos. Los blancos eran cada vez más imprudentes. Comenzaron a buscar sin separarse del fusil y la cartuchera, y terminaron librándose del peso y dejando las armas en el campamento.