Aventura
Aventura Una tarima de madera de seis pies de ancho se extendía a lo largo con una ligera inclinación, dejando a ambos lados un estrecho pasillo. Sobre ella descansaban hasta veinte negros, cuyo aspecto reflejaba inmediatamente la horrible especie a la que pertenecían. Eran caníbales. Sus facciones desproporcionadas, bestiales, y sus cuerpos de una fealdad repugnante, estaban más cercanos al mono que al hombre. Tenían las narices decoradas con anillos de concha de molusco y de tortuga, y también las atravesaban con alambres en los que ensartaban después unos canutillos. Sus orejas taladradas se estiraban con el peso de tarugos, anillas, pipas y otras exageraciones ornamentales. Su piel estaba repleta de tatuajes y cicatrices torpemente realizados. Debido a su estado, ni siquiera llevaban taparrabos, aunque conservaban sus brazaletes de concha, sus collares de cuentas y sus cintos de cuero atravesados por cuchillos. Muchos estaban cubiertos de heridas, sobre las que revoloteaban enjambres de moscas, que se posaban y volvían a volar formando auténticas nubes.
