Aventura
Aventura —¡Ya estamos otra vez con lo mismo! —exclamó la joven.
—No, no es esa mi intención, y usted lo sabe —porfió él, con voz lenta y grave—. Además, lo de oponerme… es solo una forma de hablar. Desde luego que no soy su tutor ni nada parecido, y por supuesto que puede ir a Guvutu si lo desea…, aunque lo sentirÃa. También lamento haber dicho antes algo que la haya podido molestar. No puede olvidarse que, después de todo, soy inglés.
La muchacha se sentó finalmente, sonriendo.
—Quizá también yo me he dejado llevar por un arrebato —aceptó—. Ya ve: no soy capaz de tolerar la menor oposición. ¡Si usted supiera cómo me he visto siempre obligada a luchar por mi propia libertad! Una de las cosas que más me molestan en este mundo es tener que pedir consejo para hacer lo que deseo, a ustedes, que se han constituido como dueños y señores de la creación… ¡Viaburi! Márchate a la cocina; ya no es necesario que llames a Noa Noah. Y ahora, señor Sheldon, ¿qué me sugiere que haga? Usted no desea que permanezca a su lado, ni parece que haya tampoco por aquà alguna tierra a donde ir.