Colmillo blanco
Colmillo blanco El desarrollo del lobezno era rápido. Descansó durante dos dÃas y luego se aventuró a salir de la cueva de nuevo. Fue en esta aventura en la que encontró a la joven comadreja cuya madre le habÃa servido de alimento y se dio cuenta de que la pequeña se habÃa vuelto como su madre. Pero en su vagabundeo no se perdió. Cuando se sintió fatigado, encontró el camino de vuelta al cubil y durmió. Y los dÃas que siguieron le encontraron siempre fuera, vagando por un área más extensa. Comenzó a tener una idea exacta de su fortaleza y de su debilidad y aprendió a distinguir cuándo debÃa ser audaz y cuándo cauto. Advirtió que siempre era útil ser cauteloso, excepto en raras ocasiones, cuando, seguro de su intrepidez, se abandonaba a sus pequeñas rabietas e impulsos.
Siempre que se encontraba con un ptarmigán solitario se convertÃa en un pequeño demonio peludo. Nunca dejó de reaccionar de forma salvaje ante los ruidillos alborotadores de la ardilla que se habÃa encontrado por primera vez en el pino podrido, y la visión de un arrendajo le hacÃa encolerizarse casi involuntariamente de la manera más violenta, ya que nunca pudo olvidar el picotazo que recibió de aquel primer ejemplar con el que se encontró.