Colmillo blanco
Colmillo blanco El cachorro tenÃa mucho respeto a su madre. Ella podÃa conseguir carne y nunca se olvidaba de llevarle su parte. Pero lo mejor era que no temÃa a nada. No se le ocurrió pensar que su falta de temor se basaba en la experiencia y en el conocimiento. El efecto que aquello tenÃa sobre él era la impresión del poder. Su madre representaba para él el poder y, mientras crecÃa, sentÃa la fuerza de aquel poder en las duras amonestaciones que su madre le propinaba con las garras, al tiempo que los empujones con el hocico daban paso al castigo de sus colmillos. Por todo aquello, lógicamente, respetaba a su madre. Ella le imponÃa la obediencia y, cuanto mayor se hacÃa el lobezno, menos paciencia tenÃa su madre.
El hambre llegó de nuevo y el cachorro, con la conciencia más clara, supo de nuevo lo que era su acicate. La loba enflaqueció en la búsqueda de carne. DormÃa muy pocas veces en la cueva y pasaba la mayor parte del tiempo siguiendo en vano algún rastro. El hambre no se prolongó mucho, pero fue muy cruel mientras duró. El cachorro no encontró más leche en el pecho de su madre ni recibió un bocado más de carne para él.