Colmillo blanco
Colmillo blanco Antes había cazado por juego, por la mera satisfacción de hacerlo; por aquel entonces, seguía ya los rastros con la mayor seriedad y no encontraba nada. Sin embargo, la falta de alimento aceleraba su desarrollo. Estudió las costumbres de la ardilla con mayor atención e intentó acecharla y sorprenderla con mayor ahínco. Estudió a los ratones de campo y trató de desenterrarlos de sus madrigueras; aprendió mucho sobre los hábitos de los arrendajos y los pájaros carpinteros. Y así, llegó el día en que la sombra del halcón no le obligó a acurrucarse entre los arbustos. Se había hecho más fuerte, más listo y más seguro de sí mismo. También se encontraba desesperado. Así que se sentó bien a la vista, en el espacio abierto, y retó al halcón a que bajara del cielo, ya que sabía que, surcando la inmensidad azul que se extendía sobre él, había carne, la carne que su estómago le pedía con tanta insistencia. Pero el halcón se negaba a descender y el lobezno se arrastró hasta una espesura en la que gimió de frustración y de hambre.