Colmillo blanco
Colmillo blanco —Lo que me intriga, Henry, es por qué un tipo como este, que era un lord o algo asà en su paÃs, y que jamás tuvo que preocuparse por la comida o por las mantas, ha tenido que acabar en una tierra dejada de la mano de Dios… Eso es exactamente lo que no comprendo.
—PodrÃa haber vivido hasta la vejez si se hubiera quedado en su tierra —afirmó Henry.
Bill abrió la boca para hablar, pero cambió de idea y, en su lugar, señaló hacia el muro de tinieblas que los acechaba por todas partes. No se insinuaba ni la forma más leve en aquella completa oscuridad; solo podÃan contemplarse un par de ojos centelleantes como dos carbones encendidos. Henry indicó con un movimiento de cabeza un segundo par y un tercero. Un cÃrculo de relucientes ojos se habÃa formado alrededor del campamento. Una y otra vez un par de ellos se movÃa o desaparecÃa para reaparecer unos instantes después.
La inquietud de los perros fue en aumento y echaron a correr en un súbito ataque de miedo hasta el fuego, encogiéndose y arrastrándose entre las piernas de los hombres. En aquella confusión, uno de los perros fue empujado hasta la hoguera y aulló de dolor y pánico cuando el olor de su propio pelo inundó el aire. Aquella conmoción provocó que el cÃrculo de ojos se agitara durante unos momentos e incluso que se apartara un poco, pero volvieron a sus posiciones cuando los perros guardaron silencio de nuevo.