Colmillo blanco

Colmillo blanco

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Cuando por fin pudo librarse de ella, se arrastró, desmelenado, con el cuerpo y el espíritu malparados. Su pelo estaba revuelto a mechones en los lugares en los que ella le había mordido. Se quedó en el punto en el que se había levantado, abrió la boca y emitió un largo y lastimero aullido de cachorro. Pero ni siquiera iba a poder finalizar aquello. Colmillo Blanco se lanzó sobre él y hundió sus dientes en la pata trasera de Hocicos. No le quedaban fuerzas para luchar y salió corriendo avergonzado, con el que había sido su víctima siguiéndole los talones y acosándole hasta que llegaron al tipi de su amo. Allí las indias salieron en su ayuda y Colmillo Blanco, convertido en demonio rabioso, fue rechazado a pedradas.

Llegó el día en el que Castor Gris decidió que el castigo por haber huido había terminado y liberó a Kiche. Colmillo Blanco estaba encantado con la libertad de su madre. La acompañó por todo el campamento compartiendo su alegría y, como permanecía a su lado, Hocicos se mantenía a distancia. A Colmillo Blanco incluso se le erizó el pelo y las patas se le pusieron rígidas, pero Hocicos no hizo caso de aquel reto. No era tonto y, aunque quería vengarse, podía esperar hasta que sorprendiera a Colmillo Blanco solo.



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