Colmillo blanco
Colmillo blanco Más tarde, aquel mismo dÃa, Kiche y Colmillo Blanco se acercaron a las lindes del bosque cercano al campamento. HabÃa conducido a su madre hasta allÃ, paso a paso, y entonces, cuando ella se detuvo, él intentó persuadirla para que continuaran más allá. El arroyo, el cubil y los bosques silenciosos le llamaban y deseaba que ella le acompañara. Corrió unos cuantos pasos más allá, se detuvo y miró hacia atrás. Ella no se movió. Gimoteó suplicante y comenzó a correr, juguetón, de un lado a otro por la maleza. Volvió junto a ella, le lamió el rostro y salió corriendo otra vez. Y la loba continuó sin moverse. Se detuvo y la observó con una intensidad y un ansia que expresaba fÃsicamente y que desaparecieron cuando ella volvió la cabeza y miró hacia el campamento.
Algo le llamaba en el bosque. Su madre lo oyó también. Pero oyó asimismo otra llamada más poderosa, la llamada del fuego y del hombre, la llamada que habÃa sido emitida para que de entre todos los animales contestaran el lobo y el perro salvaje, su hermano.