Colmillo blanco
Colmillo blanco Uno de los cachorros avanzó torpemente hacia Colmillo Blanco. Eran medio hermanos, aunque no lo supieran. Colmillo Blanco olfateó al cachorro con curiosidad, después de lo cual Kiche se abalanzó contra él y le desgarró el rostro por segunda vez. Dio unos cuantos pasos más para atrás. Todos los recuerdos y las asociaciones murieron de nuevo y quedaron sepultados en la misma tumba de la que habían resurgido. Había aprendido a estar sin ella. Olvidó lo que había representado para él. No había lugar para Kiche en su clasificación de las cosas, de la misma forma que no lo había para Colmillo Blanco en la mente de Kiche.
Todavía permanecía en pie, perplejo y atontado, olvidados todos los recuerdos, preguntándose el porqué de toda aquella situación, cuando Kiche le atacó por tercera vez para alejarle de los alrededores. Y Colmillo Blanco permitió que le expulsara. Era una hembra de su especie y su ley decía que los machos no debían luchar contra las hembras. Él desconocía por completo aquella ley, ya que en su mente no existía tal generalización y tampoco la había adquirido por su experiencia en el mundo. Sabía que era un secreto que nacía como un impulso de los instintos, el mismo instinto que le hacía aullar a la luna y a las estrellas por las noches y le hacía temer la muerte y lo desconocido.