Colmillo blanco
Colmillo blanco Colmillo Blanco, que parecía sumar a todas sus cualidades la fortaleza, sufría, sin embargo, una obsesionante debilidad. No podía soportar que se rieran de él. La risa de los hombres era algo odioso. Podían reírse entre ellos de cualquier cosa siempre que no fuera de él, ya que entonces no le importaba. Pero si era él causa de la risa, le dominaba una cólera terrible. Serio, digno, sombrío, la risa le hacía volverse loco por la sensación de ridículo que experimentaba. Hasta tal punto le molestaba y humillaba que se comportaba como un demonio durante horas. Y pobre del perro que en una ocasión de aquellas se indispusiera con él. Conocía demasiado bien la ley como para descargar su ira sobre Castor Gris; sabía que detrás de Castor Gris estaba el palo y la cabeza de un dios. Pero detrás de los perros no había sino espacio, y en aquel espacio eran derribados cuando Colmillo Blanco entraba en escena, enloquecido por las risas.