Colmillo blanco
Colmillo blanco Henry interrumpió la preparación de la cena para ver lo que hacÃa su compañero. No solo habÃa atado a los perros, sino que lo habÃa hecho al estilo indio, con palos. Alrededor del cuello de cada perro habÃa sujetado una correa de cuero. A esta, y tan cerca del cuello que el perro no llegaba con la dentadura, habÃa atado un palo muy robusto de unos cuatro o cinco pies. El otro extremo del palo estaba anudado firmemente con otra correa a una estaca clavada en el suelo. El perro no podÃa roer el cuero del extremo más cercano al palo, y el propio palo le impedÃa acercarse a la otra correa que lo mantenÃa atado al suelo.
Henry movió la cabeza como signo de aprobación.
—Este es el único artilugio que podrÃa retener a Una Oreja —dijo—. Es capaz de roer el cuero con la pulcritud de un cuchillo y casi tan rápido. Asà estarán todos por la mañana.
—Puedes apostar a que lo estarán —afirmó Bill—. Si resulta que alguno desaparece, me quedaré sin café.
—Saben que no vamos cargados con munición —comentó Henry a la hora de acostarse, señalando al cÃrculo de ojos relucientes que los cercaba—. Si pudiéramos dispararles, nos tendrÃan más respeto. Cada noche se acercan más. Apártate del fuego y mira, ¡allÃ! ¿Has visto a ese?