Colmillo blanco
Colmillo blanco Colmillo Blanco aprendió pronto que pocos de aquellos dioses —no más de una docena— vivÃan en aquel lugar. Cada dos o tres dÃas un barco de vapor (otra colosal manifestación de poder) arribaba a la orilla y se detenÃa durante varias horas. Los hombres blancos salÃan de aquellos barcos de vapor y volvÃan a marcharse en ellos. ParecÃa que habÃa un número infinito de aquellos hombres blancos. Ya solo el primer dÃa, vio más blancos que indios en toda su vida; y con el paso de los dÃas continuaban llegando a la orilla, se detenÃan y luego reiniciaban su viaje hasta que se les perdÃa de vista rÃo arriba. Pero si los hombres blancos eran todopoderosos, sus perros no llegaban a tanto. Esto lo descubrió Colmillo Blanco en seguida, al mezclarse con los que recalaban en la orilla con sus amos. Eran de formas y tamaños irregulares. Algunos tenÃan las patas cortas, demasiado cortas, otros largas, demasiado largas. TenÃan pelo en lugar de piel y, en muchos, era escasÃsimo. Y ninguno de ellos sabÃa luchar.