Colmillo blanco
Colmillo blanco —¡Vosotros, malditas bestias! —explotó al final y volvió a su tarea.
—Es en balde, señor Scott, no podrá separarlos de esa forma —dijo Matt al fin.
La pareja se detuvo y examinaron a los dos perros unidos.
—No sangra mucho —señaló Matt—. Le falta bastante para morir.
—Pero puede hacerlo en cualquier momento —respondió Scott—. Mira, ¿has visto? Ha soltado un poco.
La inquietud y el temor del hombre joven por Colmillo Blanco aumentaron. Golpeó a Cherokee en la cabeza de forma salvaje una y otra vez. Pero aquello no aflojó las mandÃbulas. Cherokee meneaba el muñón de la cola para expresar que entendÃa el significado de los golpes, pero que, al estar seguro de que actuaba como debÃa, no iba a soltar.
—¿Es que nadie de ustedes va a ayudar? —gritó Scott a la multitud.
Pero nadie ofreció su ayuda. En su lugar, el público comenzó a reÃrse de él con sarcasmo y a darle chistosos consejos.
—Va a necesitar una palanca —aconsejó Matt.