Colmillo blanco
Colmillo blanco Scott gritó sorprendido, sosteniendo con la mano sana la otra desgarrada. Matt pronunció una maldición y saltó a su lado. Colmillo Blanco se retiró agazapado, erizado el pelo, los colmillos al descubierto y los ojos malignos y amenazadores. En aquel momento podía esperar una paliza tan temible como cualquiera de las que había recibido de Guapo Smith.
—¡Pero oye! ¿Qué estás haciendo? —gritó Scott de pronto.
Matt se había precipitado a la cabaña y había sacado un rifle.
—Nada —dijo lentamente con una calma reflexiva—, solo voy a cumplir la promesa que he hecho. Reconozco que es asunto mío matarle como le dije.
—¡No lo hagas!
—Sí. Míreme.
Igual que Matt había suplicado por la vida de Colmillo Blanco cuando este le mordió, ahora le tocaba el turno a Weedon Scott.
—Dijiste que le diéramos una oportunidad. Bueno, pues dásela. Solo hemos empezado y no podemos abandonar al principio. Me ha estado bien empleado esta vez. Y… ¡Mírale!
Colmillo Blanco, cerca de la esquina de la cabaña y a cuarenta pies de distancia, estaba gruñendo con una ferocidad que helaba la sangre, no a Scott, sino al conductor.