Colmillo blanco
Colmillo blanco —¡Oh, cierra el pico! —exclamó Scott en la oscuridad-Te quejas más que una mujer.
—Estoy de acuerdo con usted —respondió el conductor, y Weedon Scott no supo si el otro estaba riéndose con disimulo o no.
Al dÃa siguiente la inquietud y el desasosiego de Colmillo Blanco eran más pronunciados. SeguÃa los talones de su amo cada vez que salÃa de la cabaña y rondaba la escalera principal cuando permanecÃa dentro. De vez en cuando, a través de la puerta abierta se veÃa el equipaje en el suelo. El maletÃn estaba acompañado de dos grandes bolsas de lona y una caja. Matt doblaba las sábanas de su jefe y el abrigo de pieles para colocarlos dentro de un pequeño saco impermeable. Colmillo Blanco gimió al observar la operación.
Más tarde, llegaron dos indios. Los observó con atención mientras cargaban el equipaje sobre sus hombros y eran guiados colina abajo por Matt, que era el que llevaba la ropa blanca y el maletÃn. Pero Colmillo Blanco no los siguió. El amo estaba todavÃa en la cabaña. Después de un rato, Matt regresó. El amo salió a la puerta y llamó a Colmillo Blanco.
—Pobre diablo —dijo con cariño frotando las orejas de Colmillo Blanco y acariciándole el lomo—. Voy a hacer un largo viaje, querido amigo, al que no puedes acompañarme. Ahora gruñe…, por última vez, un buen gruñido.