Colmillo blanco
Colmillo blanco El amo corría hacia ellos, pero estaba demasiado lejos y fue Collie la que salvó la vida del perro de caza. Antes de que Colmillo Blanco pudiera abalanzarse y asestarle el golpe mortal, y justo en el momento en que iba a saltar, Collie llegó. La había engañado y vencido en la carrera, por no hablar del revolcón tan poco elegante en la grava, y su llegada fue como un tornado alimentado por la dignidad ofendida, la justificada cólera y el odio instintivo hacia un merodeador de lo salvaje. Golpeó a Colmillo Blanco en el costado derecho cuando iba a saltar y de nuevo cayó y rodó por el suelo.
Al instante el amo llegó y con una mano agarró a Colmillo Blanco, mientras su padre llamaba a los perros.
—Me parece que esta ha sido una bienvenida un poco calurosa para un pobre lobo solitario del Ártico —dijo el amo mientras Colmillo Blanco se tranquilizaba bajo su mano acariciadora—. En toda su vida solo se sabe que haya caído una vez y aquí ya se ha caído dos en treinta segundos.