Colmillo blanco
Colmillo blanco El mozo escapó a los establos y Colmillo Blanco se retiró ante los malignos dientes de Collie, presentándole la paletilla o dando vueltas alrededor de ella. Pero, según su costumbre, Collie no cedió después de castigarle durante un buen rato. Por el contrario, se excitó y se enfureció más, hasta que, al final, Colmillo Blanco olvidó su dignidad y huyó abiertamente a través de los campos.
—Yo le enseñaré a dejar a las gallinas en paz —sentenció el amo—, pero no puedo darle una lección hasta que no lo descubra in fraganti.
Dos noches después llegó la ocasión, pero a escala más generosa de lo que su amo había pronosticado. Por la noche, cuando todos se habían acostado, trepó hasta la cima de una pila de leña amontonada. Desde allí, alcanzó el tejado del gallinero, pasó sobre la parhilera y saltó al suelo del interior. Un momento después estaba dentro del edificio y comenzaba la matanza.