Colmillo blanco
Colmillo blanco —Nunca podrás reformar a un cazador de gallinas —dijo el juez Scott sacudiendo su cabeza con tristeza durante el almuerzo cuando su hijo le contó la lección que le habÃa dado a Colmillo Blanco—. Una vez que adquieren el hábito y prueban la sangre… —De nuevo volvió a sacudir la cabeza tristemente.
Pero Weedon Scott no estaba de acuerdo con su padre.
—Te contaré lo que voy a hacer —le retó al final—. Encerraré a Colmillo Blanco con las gallinas esta tarde.
—Pero piensa en las gallinas —objetó el juez.
—Y mucho más —continuó el hijo—, por cada gallina que mate, te pagaré un dólar de oro del reino.
—Pero también tendrás que ponerle condiciones a papá —intervino Beth.
Su hermana la secundó y un coro de aprobación se levantó alrededor de la mesa. El juez Scott asintió con la cabeza mostrando su acuerdo.
—Está bien —dijo Weedon Scott y pensó durante unos instantes—. Y si al final de la tarde Colmillo Blanco no ha hecho daño alguno a las gallinas, por cada diez minutos del tiempo que haya pasado en el gallinero, tendrás que decirle, con seriedad y prudencia, igual que si estuvieras sentado en el estrado juzgando con solemnidad: «Colmillo Blanco, eres más listo de lo que pensé».