Colmillo blanco
Colmillo blanco Un día ella le instigó a una larga persecución a través de las praderas hacia los bosques. Era la misma tarde en que el amo solía pasear a caballo y Colmillo Blanco lo sabía. El caballo estaba montado y esperaba en la puerta. Colmillo Blanco vaciló. Pero en él había algo mucho más profundo que la ley que había aprendido, que las costumbres que le habían modelado, que su amor por el amo, que la misma voluntad de vivir y, cuando en el momento de indecisión, Collie le mordió y salió huyendo, él se volvió y la siguió. El amo cabalgó solo aquel día; en los bosques, uno junto al otro, Colmillo Blanco corrió con Collie, como su madre, Kiche, y el viejo Tuerto habían corrido hacía muchos años atravesando el silencio en los bosques de las tierras del norte.