Colmillo blanco
Colmillo blanco Después corrieron uno al lado del otro, como buenos amigos que hubieran llegado a un entendimiento. Los días se sucedieron y se mantuvieron juntos, cazando, matando y comiendo en común. Tras cierto tiempo, la loba comenzó a mostrarse inquieta. Parecía estar buscando algo que no podía encontrar. Los agujeros que había bajo los árboles caídos parecían atraerla y pasaba mucho tiempo olfateando por entre las grietas de las rocas y en las cuevas de los salientes. El viejo Tuerto no estaba interesado en aquello, pero la seguía de buena gana, y cuando sus investigaciones se detenían, lo cual era inusual, descansaba y esperaba hasta que ella se sentía con fuerzas para continuar.