La gente del abismo
La gente del abismo —Pero fÃjese —me dijo— ¿qué le ocurrirá si yo no puedo pagar los diez chelines? Vamos a suponer, sólo suponer que yo sufro un accidente y no puedo trabajar. Supongamos que tengo una fractura, reuma o el cólera. ¿Qué hará ella, eh? ¿qué hará?
Sacudió la cabeza con un mohÃn triste.
—No tiene ninguna esperanza. Lo mejor que le puede ocurrir es que la recojan en un albergue público, y ya está. Y si no va, peor para ella. Acompáñeme y le mostraré a las mujeres que duermen en el callejón, a docenas. Y aún algo peor, en lo que ella se convertirá si a mà y a los diez chelines nos pasa algo.
Las predicciones de aquel hombre son dignas de mención. Él conocÃa a la perfección las penurias a las que se tendrÃa que enfrentar su esposa para encontrar alimentos y cobijo. La partida finalizarÃa para ella cuando él ya no pudiese llevar a cabo su trabajo. Si ampliamos la perspectiva de este asunto, lo mismo ocurre con cientos de miles e incluso millones de hombres y mujeres que deciden continuar su vida amistosamente juntos cooperando en la búsqueda de comida y resguardo.