La gente del abismo
La gente del abismo A partir de ahí entramos en una conversación que se prolongó hasta una taberna y un par de pintas de cerveza. Ello aumentó nuestra intimidad, de manera que cuando saqué a la superficie un montón de peniques que en total hacían un chelín (y que era todo mi capital) y aparté seis para la cama y otros seis para cerveza, el marinero propuso generosamente que nos bebiésemos la totalidad del chelín.

Un descendiente de los Reyes del Mar.
—Mi compañero la lió buena anoche —explicó—. Y la poli lo metió en chirona, así que si quieres puedes compartir mi camastro. ¿Qué dices?
Dije que sí, y después de que nos hubimos empapado de cerveza hasta gastar el chelín y pasado la noche en la miserable cama de una miserable guarida, le conocí lo suficiente para saber qué clase de persona era. Y, tal como mi experiencia confirmaría después, resultó ser un personaje representativo del amplio sector de la clase trabajadora de Londres que constituía su nivel más bajo.
Nacido en Londres, su padre había sido fogonero y borracho antes que él. De niño, su hogar fueron las calles y los muelles. Nunca aprendió a leer, y nunca sintió que fuese necesario; era algo, creía, vano e inútil, al menos para un hombre en sus circunstancias.