Las Muertes concentricas
Las Muertes concentricas —Dale un poco de agua —exigió Tefara con voz temblorosa.
—Dale un poco de agua —Mapuhi le pasó la orden a Ngakura.
Y juntos sacaron a Ngakura a puntapiés de abajo de la manta. Un minuto más tarde Mapuhi espió y vio al fantasma bebiendo agua.
Cuando tendió una mano temblorosa y la puso sobre la suya, sintió su peso y se convenció de que no era ningún fantasma. Entonces salió afuera, arrastrando a Tefara tras de sí, y en pocos minutos todos escuchaban el relato de Nauri. Y cuando les contó acerca de Levy y depositó la perla en la mano de Tefara, hasta ella se reconcilió con la realidad de que su suegra hubiera vuelto.
—Mañana a la mañana —dijo Tefara— le vas a vender la perla a Raoul por cinco mil franceses.
—¿Y la casa? —objetó Nauri.
—Él va a construir la casa —respondió Tefara—. Él dice que va a costar cuatro mil franceses. También va a dar mil franceses a crédito, que son dos mil chilenos.
—¿Va a tener seis brazas de largo? —indagó Nauri.
—Sí —replicó Mapuhi—. Seis brazas.
—¿Y en el cuarto del medio va a estar el reloj octogonal de colgar?