Martin Eden
Martin Eden Durante la primera parte de la cena, mientras decidía qué actitud tomar, estuvo muy callado. No sabía que su silencio desmentía las palabras de Arthur, quien la víspera había anunciado a su familia que llevaría a cenar a un verdadero salvaje y que no debían asustarse, pues lo encontrarían muy interesante. Martin Eden, por aquel entonces, no habría podido creer que el hermano de la joven le traicionara de ese modo, especialmente después de haberle salvado de una desagradable pelea. De modo que estaba en la mesa, preocupado por su torpeza y disfrutando al mismo tiempo con todo lo que ocurría a su alrededor. Comprendió por primera vez que alimentarse era algo más que una función física. Ignoraba lo que comía. Eran simples alimentos. Su amor a la belleza se deleitaba con la visión de aquella mesa donde comer era una actividad estética. Y también intelectual. Aquel entorno aguzaba su inteligencia. Oía palabras que no significaban nada para él, o que sólo había visto en los libros y que ninguno de sus conocidos habría sido capaz de pronunciar. Cuando las escuchaba fluir de los labios de algún miembro de aquella maravillosa familia, la familia de la joven, se estremecía de placer. El romanticismo, el vigor y la belleza de los libros se hacían realidad. Se hallaba en ese peculiar estado de felicidad en que un hombre ve escapar sus sueños por las ranuras de la imaginación y convertirse en algo real.