Martin Eden
Martin Eden —Pero ya estoy enamorada de Martin —respondió Ruth con voz lastimera.
—Nosotros de ningún modo influiremos en tu decisión; pero eres nuestra hija, y no soportarÃamos verte casada con un hombre asÃ. Sólo puede ofrecerte rudeza y tosquedad a cambio de tu delicadeza y de tu refinamiento. No está a tu altura en absoluto. No podrÃa mantenerte. No es que tengamos unas ideas ridÃculas sobre la riqueza, pero el bienestar es otro asunto, y nuestra hija deberÃa casarse con alguien que pudiera al menos proporcionarle eso… y no con un aventurero sin un centavo, un marinero, un vaquero, un contrabandista y sabe Dios qué más… y que, para colmo, es un cabeza hueca y un irresponsable.
Ruth la escuchaba en silencio. SabÃa que todas las palabras de su madre eran ciertas.