Martin Eden
Martin Eden —Pierde el tiempo escribiendo, tratando de conseguir lo que sólo los genios y unos pocos hombres cultivados consiguen algunas veces. Un hombre que piensa en el matrimonio deberÃa prepararse para él. Pero Martin no lo hace. Como he dicho antes, y sé que estás de acuerdo conmigo, es un irresponsable. Y ¿por qué no iba a serlo? Los marineros son asÃ. Nunca ha aprendido a ahorrar o a actuar con moderación. Los años que ha pasado despilfarrando su dinero le han marcado. No es culpa suya, desde luego, pero eso no cambia su carácter. Y ¿has pensado en la vida licenciosa que inevitablemente habrá llevado? ¿Has pensado en eso, hija mÃa? Ya sabes lo que significa el matrimonio.
Ruth se estremeció y se acercó a su madre.
—Lo he pensado —Ruth esperó un poco a que se aclararan sus ideas—. Y es terrible. Me pone enferma recordarlo. Ya te he dicho que es una fatalidad haberme enamorado de él; pero no puedo evitarlo. ¿Acaso puedes evitar tú estar enamorada de papá? Pues a mà me pasa lo mismo. Hay algo en mÃ, en él… que jamás supe que estaba ahà hasta hoy, y que me empuja a amarlo. Nunca imaginé que le amarÃa, pero el caso es que le quiero —concluyó, con un ligero tono de triunfo en la voz.
Hablaron largo y tendido, sin que sirviera de mucho, y acordaron esperar cierto tiempo antes de hacer algo.