Martin Eden
Martin Eden A la misma conclusión llegaron la señora Morse y su marido aquella misma noche, un poco más tarde, cuando ella le confesó el fracaso de sus planes.
—Era de esperar —opinó el señor Morse—. Ese marinero era el único joven con el que se veÃa. Antes o después, nuestra hija tenÃa que despertar; y, cuando lo hizo, ¡allà estaba ese marinero! El único hombre al alcance de la mano… Y, por supuesto, se enamoró inmediatamente de él, o eso cree, lo que viene a ser lo mismo.
La señora Morse aceptó ejercer su influencia sobre Ruth, lenta e indirectamente, en lugar de enfrentarse a ella. TendrÃan tiempo para hacerlo, pues Martin no estaba en condiciones de casarse.
—Deja que Ruth salga con él todo lo que quiera —aconsejó el señor Morse—. Cuanto más le conozca, menos le amará, apuesto lo que sea. Y es importante que pueda comparar. Intenta que haya mucha gente joven en casa. Chicas y chicos, chicos de todas clases… jóvenes inteligentes, jóvenes que hayan hecho o estén haciendo algo interesante, jóvenes de su posición, caballeros. Le abrirán los ojos. Le demostrarán lo poco que vale Martin. Después de todo, no es más que un muchacho de veintiún años. Y Ruth sólo es una niña. Se trata de un amor juvenil, ambos lo superarán.