Martin Eden
Martin Eden —Bueno, entonces… —Maria respiró profundamente, al igual que un niño, mientras enumeraba todo lo que querÃa pedirle a la vida—. Me gustarÃa tener una granja… un buena granja lechera. Llena de vacas, con mucho terreno, con mucho pasto. Y que estuviera cerca de San Leandro; mi hermana vive allÃ. VenderÃa la leche en Oakland. SacarÃa mucho dinero. Joe y Nick no cuidarÃan de las vacas. IrÃan a la escuela. Y más adelante serÃan unos buenos ingenieros, trabajarÃan en el ferrocarril. SÃ, me gustarÃa tener esa granja.
Se detuvo y miró a Martin con ojos brillantes.
—Pues la tendrá —se apresuró a decir él.
Maria le hizo una pequeña reverencia inclinando la cabeza y se llevó el vaso a los labios para beber a la salud de aquel joven que le regalaba algo que jamás tendrÃa. Pero Martin tenÃa buen corazón, y para ella la intención era lo que valÃa.