Martin Eden
Martin Eden —No, Maria —prosiguió él—; Nick y Joe no tendrán que vender leche de puerta en puerta, y los niños irán a la escuela y llevarán zapatos todo el año. Será una magnÃfica granja lechera… no le faltará de nada. Tendrá una casa para vivir y una cuadra para los caballos, y establos para las vacas, por supuesto. Tendrá gallinas, cerdos, hortalizas, árboles frutales y todas esas cosas; y habrá suficientes vacas para contratar a un hombre o dos. Y usted sólo tendrá que cuidar de los niños. En realidad, si encuentra un buen hombre, puede casarse con él y vivir tranquilamente mientras él se ocupa de todo.
Y, después de toda esa generosidad dispensada a cuenta de su futuro, Martin volvió a la realidad y llevó su único traje decente a la casa de empeños. Su situación tenÃa que ser desesperada para hacer aquello, pues le alejaba de Ruth. No tenÃa nada presentable que ponerse y, aunque podÃa ir a la carnicerÃa y a la panaderÃa, e incluso de vez en cuando a casa de su hermana, ni se le pasaba por la imaginación entrar en el hogar de los Morse con aquel aspecto tan vergonzoso.