Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles Recién vamos adquiriendo conciencia de nuestra personalidad; recién va encarnándose en las muchedumbres, cuya aspiración ardiente es conquistar y afianzar la libertad racional sobre los inamovibles quicios de la eterna justicia; recién vamos convenciéndonos de que lo que se llama soberanÃa popular es el ejercicio y la práctica del santo derecho; recién vamos entendiendo que el pueblo es todo, y que asà como nadie puede reivindicar el honroso tÃtulo de caballero si deja que se juegue con su dignidad personal, asà también la entidad colectiva no puede enorgullecerse de sus conquistas morales, de sus progresos, de su civilización es dócil y sumisa, irresoluta y cobarde se deja uncir al carro del poder para arrastrarlo según su capricho.
Por más entendido que fuera Mariano Rosas, ¿a qué habÃa de perder tiempo en disertaciones polÃticas con él?
Como yo era en aquellos momentos embajador (sic), y como siendo uno embajador debe tomar las cosas a lo serio, después de algunas palabras encomiando su conducta entré a explicar que el tratado de paz debiendo ser sometido a la aprobación del Congreso, no podÃa ser puesto en ejercicio inmediatamente.