Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles —Viene a ver qué hace usted aquÃ. Allà temen que usted mueva estas indiadas contra aquellas.
—¿Y se lo has dicho a Baigorrita ahora lo que hablaste con él?
—No, señor.
—AvÃsaselo, pues.
San MartÃn obedeció.
Yo me quedé pensando en la cautelosa previsión de Calfucurá, el gran polÃtico y guerrero de la Pampa, tan temido por su poder como por su sabidurÃa.
La noticia de mi arribo a las tolderÃas de los ranqueles, le habÃa sido trasmitida por Mariano Rosas, junto con una consulta, en su calidad de aliado por simpatÃa de raza.
Su contestación habÃa sido, que la paz convenÃa que no trepidase en sellarla y cumplirla.
Al mismo tiempo habÃa enviado un emisario secreto.
¿Hombres de Estado cultos habrÃan procedido de otra manera?
¿La diplomacia moderna es más sincera y menos desconfiada?
Tú, que vives en Europa, donde nacieron y gobernaron Richelieu, Mazarino, Walpole, Alberoni, Talleyrand y Metternich, en Europa, que nos da la norma en todo, lo dirás.