Amalia
Amalia —Sí, señor; los que no están en sí son los que están pensando en las provincias, revelando con eso que no confían en sus propios medios ni ven la fortuna que se les presenta a dos pasos. ¡Fatalidad, raro destino el que persigue a este partido, y con él a la patria! —exclamó el joven, paseándose siempre precipitadamente por el salón mientras don Cándido lo miraba estupefacto.
—Bien decimos entonces los federales…
—Que los unitarios no sirven para un diablo; tiene usted razón, señor don Cándido.
En ese momento, dos fuertes aldabazos se sintieron en la puerta de calle.