Amalia
Amalia —Es una sobrina mÃa a quien he recogido hace un mes.
—¡Santa Bárbara! ¡Tiene usted más sobrinas que nietos tuvo Adán por la lÃnea de Seth, hijo de CaÃn y de Ada! ¿Ha leÃdo usted la Biblia, doña Marcelina?
—No.
—¿Pero habrá leÃdo usted a Don Quijote?
—Tampoco.
—Pues ese Don Quijote, que era un buen hombre, muy parecido en la figura y en otras cosas a Su Excelencia el general Oribe, declaraba que no podÃa haber una república bien constituida sin cierto empleo, y ese empleo es el que usted ejerce dignamente.
—¿El de protectora de mis sobrinas desgraciadas, querrá usted decir?
—Exactamente.
—Hago por ellas lo que puedo.
—Pero ¿qué harÃa usted, si el reverendo cura de la Piedad hallase en casa de usted lo que yo encontré el dÃa que por primera vez entré en ella, bajo la recomendación de MÃster Douglas?
—¡Oh, Dios mÃo! ¡EstarÃa perdida! Pero el cura Gaete no será tan curioso como lo fue el señor don Daniel Bello —dijo doña Marcelina, con cierto aire de reconvención cariñosa.