Amalia
Amalia —Despacio, señor Gaete. Este señor es un hombre anciano, de cuya probidad y juicio tengo repetidísimas pruebas.
—Sí, está bueno.
—Oiga usted: la palabra «sueño» que acaba de pronunciar mi secretario me inspira una luminosa idea.
—No entiendo de ideas, señor don Felipe. Éste es uno y el otro es quien yo sé.
—Oiga usted, hombre, oiga usted.
—Vamos a ver, oigo.
—¿Usted comió con unos amigos ese día?
—Sí, señor, comí.
—¿Durmió usted la siesta?
—Dormí la siesta.
—Entonces no sería nada de extraño que todo cuanto usted refiere haya sido una escena de sonambulismo.
—¿Y qué diablos es eso?
—Yo se lo explicaré a usted: el sonambulismo es una cosa descubierta modernamente, no recuerdo por quién. Pero se ha probado que hay muchas personas que conversan dormidas, que se levantan, se visten, montan a caballo, pasean, y todo eso dormidas; que sostienen conversaciones, que ven y hablan con personas que no están delante, y hasta hay algunos que se han batido y dado contra las paredes, creyendo que bregaban con sus enemigos; y a todo esto se le da el nombre de sonambulismo o magnetismo.