La hija del Adelantado
La hija del Adelantado Ahora debemos volver un poco atrás para anudar el hilo interrumpido de nuestra narración. La plática entre Pedro Rodríguez y la criada de Agustina Córdova, de que dimos noticia en el capítulo anterior, y en la que el astuto anciano descubrió por completo la intriga que había comenzado a entrever cuando presenció la escena del parque, esa plática, decimos, tuvo lugar cuatro noches antes del día señalado para la salida del Gobernador, que iba a embarcarse en Iztapam. Desde el momento en que Rodríguez estuvo en posesión de aquellos datos, formó la resolución de romper aquella trama, como había roto la que Castellanos y Ronquillo urdieron contra Portocarrero cuando lo de torneo. Quería desengañar a los dos amantes, devolviendo a doña Leonor la perdida tranquilidad y a don Pedro la plenitud de la razón, suponiendo que el extravío de la inteligencia del pobre caballero dependía únicamente del desvío de la dama. El anciano se proponía arrancar a la viuda una confesión paladina, una prueba de su calumnia tan clara y convincente, que no dejase la menor duda de la inocencia de don Pedro en el ánimo de doña Leonor.