La hija del Adelantado
La hija del Adelantado Cuando el anciano criado del Gobernador vio que era demasiado tarde, así para impedir que la viuda lo encerrase, como para llamar a los arcabuceros, se puso a meditar en lo que tenía que hacer. Su principal empeño era salvar el escrito que acababa de hacer firmar por la viuda. Temía, con razón, que Robledo llegase de un momento a otro, recordando que la dueña le había dicho que era a eso de las ocho de la noche que acostumbraba el Secretario visitar a su señora. Calculó que advertido Robledo de lo que ocurría, podría llamar auxilio, hacerlo registrar y apoderarse del papel que tanto importaba conservar. Ocultarlo en alguno de los muebles de la sala o en sus propios vestidos, era exponerlo a que mediante la minuciosa pesquisa que se haría, cayese, más tarde o más temprano, en manos de Robledo o de la viuda. Imaginó entonces que llegando el Secretario, si lograba hacerlo creer que había quemado el papel y le entregaba el mandamiento de prisión contra Agustina, lo dejaría ir en paz, sin molestarlo. Hecho este raciocinio, sacó del bolsillo un papel cualquiera y lo quemó en la llama de la vela que alumbraba la sala, cuidando de que se conservasen las cenizas en el suelo. Enseguida, abrió la ventana y arrojó a la calle el escrito firmado por Agustina, seguro de que podía recogerlo luego que se viese libre. Pero él no contaba con la casualidad, que, dígase lo que se quiera, hace siempre un gran papel en este mundo. Quiso ésta que Robledo pasase delante de la ventana en el momento preciso en que Rodríguez lanzaba el papel, que fue a darle casi en la cara. Tomolo don Diego, sin que lo advirtiese el anciano, porque la noche era obscurísima; pero el Secretario sí pudo conocer a Rodríguez, a favor de la luz que iluminaba la sala y se escapaba por la abierta ventana. Así, cuando Agustina le habló de la necesidad de recobrar el escrito, que suponía aún en poder del criado del Gobernador, Robledo comprendió que era precisamente el que él acababa de recoger, y lo presentó a la atónita viuda.