Ana la de La Isla
Ana la de La Isla Y era esto precisamente lo que volvÃa difÃciles las visitas de Ana. Todo lo que alguna vez fuera tonto y divertido resultaba ahora trágico: era la muerte espiando por detrás de una máscara de vida. Y, sin embargo, Ruby parecÃa aferrarse a Ana; nunca la dejaba regresar sin la promesa de una pronta visita. La señora Lynde protestaba; aseguraba que Ana se contagiarÃa, y hasta la misma Marilla parecÃa dispuesta a creerlo.
—Cada vez que vas a ver a Ruby Gillis vuelves con aire de cansancio —le dijo un dÃa.
—¡Es tan triste! —respondió Ana en voz baja—. Ruby parece no tener la más mÃnima idea de cuál es su estado. Y sin embargo, presiente que necesita ayuda, la anhela, y aunque yo quiero dársela, no puedo. Durante todo el tiempo que paso a su lado la veo luchar con un enemigo invisible, como si tratara de derrotarlo con la poca energÃa que le queda. Por eso regreso tan deprimida.