Ana la de La Isla
Ana la de La Isla —Entonces Marr Holworthy; a ése no le encontrarás defectos.
—No; podrÃa pasar, si no fuese tan pobre. Yo debo casarme con un hombre rico, tÃa Jamesina. Eso y un buen aspecto son requisitos indispensables. Me casarÃa con Gilbert Blythe si fuera rico.
—¿Ah, s� —preguntó Ana, algo picada.
—¿No nos gusta la idea, eh? Aunque Gilbert no nos agrada un comino —se burló Phil—. Pero no hablemos de cosas desagradables. Tendré que casarme algún dÃa, supongo, pero alejaré ese dÃa fatal todo lo que pueda.
—No te cases con alguien a quien no quieras, Phil, cuando llegue el momento —dijo la tÃa Jamesina.
—«Oh, los corazones que aman a la antigua. Están ahora pasados de moda» —citó Phil con tono de burla—. Ahà llega el coche. Me escapo. Adiós, damas anticuadas.
Cuando Phil partió, la tÃa Jamesina miró a Ana con seriedad.
—Esa chica es guapa, dulce y de buen corazón, pero ¿no te parece algunas veces que no está bien de la cabeza, Ana?
—Oh, no creo que sean cosas de su cabeza —dijo Ana, escondiendo una sonrisa—. Es sólo su modo de hablar.
La tÃa Jamesina sacudió la cabeza.