Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes —Bueno, no estoy enfadada —dijo Marilla—. Eres una niña con mala suerte, de eso no hay duda; pero como tú dices, tendrás que sufrir por ello. Y ahora, trata de tomar un poco de sopa.
—¿No es una suerte que yo tenga una imaginación asÃ? —dijo Ana—. Me ayudará muchÃsimo. ¿Se imagina, Marilla, lo que hará la gente que no tiene imaginación cuando se rompe un hueso?
Ana tuvo buenas razones para bendecir su imaginación durante las siete tediosas semanas que siguieron. Pero no dependió solamente de ella. Recibió muchas visitas, y no pasaba un dÃa sin que una o más de sus compañeras fueran a llevarle flores, libros, y a contarle todas las noticias relacionadas con la gente joven de Avonlea.